Los más mayores sabrán porqué se repartían estos alfileres. A los más jóvenes seguramente les sonará a chino. Era costumbre, perdida no hace muchos años (el que escribe estas líneas no llega a los treinta años y lo recuerda), repartir los alfileres que prendían las ropas de la cruz. Lo que en un principio podría hacernos pensar que se trata de un sencillo y bonito gesto, realmente tenía mucha más miga de lo que aparentaba. Cuando antaño, todos los campos de cereal eran segados a mano, era frecuente agarrar algún que otro cardo cuyas pinchas. Como podrán imaginar un alfiler para poder sacar las pinchas se convertía en una herramienta tan imprescindible como la hoz. Con este uso eran antaño empleados los alfileres bendecidos por la cruz, que eran prendidos al sombrero de paja para tenerlos a mano en caso de necesidad.
Aunque las cosechadoras han sustituido a las hoces y la fuerza humana, recuperamos esta bella tradición para que todo aquel que quiera pueda quedarse con uno de los alfileres bendecidos por la cruz. Este año fueron repartidos los alfileres después de la misa de difuntos de la Hermandad celebrada el sábado 10 de mayo. A día de hoy todavía quedan unos cuantos en la mesa del portalillo de la Iglesia, si alguien quiere alguno todavía está a tiempo.
PAZ Y BIEN
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